Plegaria a Nuestra Señora de la Consolación

¡Salve María del Táchira, Nuestra Señora de la Consolación! ¡Salve Madre amorosa que nos entregas desde tus brazos maternales a Jesús, tu Hijo, el Redentor! ¡Salve, Estrella de la evangelización en nuestras tierras con cuyos resplandores has iluminado el camino de nuestra historia! ¡Salve Madre de los tachirenses, Orgullo de nuestro pueblo! ¡Salve María que en el Nazaret de nuestro Táriba has florecido como la flor más bella de los Andes venezolanos! ¡Salve Reina y Madre!

 

Acudimos a Ti en este día para cantarte “gloria en el cielo y en la tierra gloria” con los corazones de todos los tachirenses. No hemos podido peregrinar como en tiempos anteriores por la pandemia que nos ha ido recluyendo en nuestros hogares. Pero sentimos y, hoy de nuevo lo experimentamos, que te has hecho “Peregrina” que has llegado a cada una de nuestras comunidades a nuestros hogares y a nuestros corazones. Por eso, al reconocerte en medio de nosotros, te damos gracias y cantamos como lo hizo Isabel “¡Bendita eres entre todas las mujeres”.

 

Nos has acompañado durante siglos en la tarea de anunciar el Evangelio de tu Hijo. Has sido página vivía de la Palabra de Dios, en cuyo nombre aceptaste ser Madre del Altísimo. Al contemplarte en el ícono de la “tablita” custodiada en el Santuario de Táriba y presente en todos y cada uno de nuestros corazones, sentimos que nos dices “hagan lo que Él, mi Hijo, les diga”. Por eso de nuevo repetimos las palabras de Isabel: “¡Bendito el fruto de tu vientre Jesús!”

 

Te reconocemos como fiel intercesora. Con la confianza de hijos hoy te pedimos alejes de nuestra región, de nuestro país y del mundo la pandemia del Covid19 que tantos estragos ha hecho y tanta angustia nos crea. Te pedimos sostengas con tu mano llena de amor el esfuerzo de tantísimos médicos, enfermeros y personal dedicado a la atención de los enfermos, de la prevención y curación ante esta epidemia. No dejes solos a los enfermos en su dolor y tampoco a sus familiares que experimentan la soledad y el desconsuelo. Que podamos todos tener la sabiduría, la humildad y la prudencia para asumir las precauciones y así cumplir con las directrices que han sido dictadas para beneficio de la sociedad.

 

Sabemos que eres “trono de la sabiduría”. Te pedimos puedas concederla a quienes dirigen a las naciones y a los que se consideran los poderosos del mundo. Que los dirigentes políticos de nuestro país antepongan sus intereses particulares y de una vez por todas se pongan al lado del pueblo que sufre. Hoy, más que nunca, necesitamos en nuestra nación que los gobernantes, los dirigentes, los que dicen estar comprometidos en la construcción de una nueva Venezuela sean humildes servidores y no arrogantes y autosuficientes buscadores del poder alejado de la gente.

 

Eres “madre de los pobres”. Por eso te reconocemos como el orgullo de nuestra raza. Sabemos que los tienes en tu mirada y en tu corazón. De nuevo te los presentamos: enjuga las lágrimas de tantas madres que han visto perder a sus hijos por la violencia, por la prostitución y las drogas. Aligera la carga de tantos hombres y mujeres que, sin mayores recursos, sostienen a sus familias con grandes esfuerzos. Sostén a quienes luchan por la justicia y realizan su servicio de caridad operante en medio de quienes más sufren. Sé el consuelo de los que están pasando realmente hambre de comida, de medicamentos, de atención sanitaria, de dignidad. Revive la sonrisa de esperanza de tantos migrantes que han debido ir a otros sitios a buscar mejor calidad de vida; y, en especial, a quienes han debido retornar golpeados por la pandemia, sin recursos y con la única esperanza de ser recibidos como hijos de esta patria…y, lamentablemente son despreciados y hasta considerados gente peligrosa, menospreciados en su dignidad, “bioterroristas”, gente de descarte o desecho.

 

Madre de la paz: con tu intercesión pídele a Dios que toque el corazón de quienes han optado por la oscuridad como opción de vida. Los corruptos, narcotraficantes, los que trafican con personas, los mediocres y conformistas, los especuladores y los opresores. Los que torturan a sus hermanos y los que siembran el terror en muchas de nuestras comunidades. Que de verdad podamos ser gente de paz, como le cantamos a tu Hijo en los aguinaldos navideños.

 

Eres Madre de todos, encargo recibido a los pies de la Cruz. Sabemos que no nos abandonas nunca. Por eso te pedimos por cada uno de nosotros. Por los niños y sus ilusiones, por los jóvenes signo de esperanza, por los adultos constructores de convivencia, los ancianos fuente de sabiduría. Bendice a cada uno de  nuestros hogares: que reine en ellos la armonía y sea siempre santuario de la vida. Fortalece con tu intercesión a todos los que trabajan en los diversos campos: que sea constructores del Reino de justicia y de paz, según las enseñanzas de tu Hijo Jesús. Por las autoridades civiles, políticas y de todo orden: que no se divorcien del pueblo, y si lo han hecho que retomen el camino del servicio desinteresado. Que las autoridades militares estén de verdad al servicio del pueblo y no de una parcialidad política cuestionada, sean auténticos defensores de los derechos humanos y no se valgan de su posición para oprimir, crear zozobra ni “matraquear” a la gente. A los mediocres que no son capaces de definirse, que dejen a un lado la tibieza.

 

Te reconocemos como Madre de la Iglesia. Te pedimos nos sigas acompañando en el Táchira y en todo el universo. Que la nuestra siga siendo una Iglesia en salida, pobre para los pobres y fiel al Evangelio. Que nuestros sacerdotes sean auténticos ejemplos de caridad pastoral, de servicio sin condiciones y que no tengan nunca miedo de sentirse pueblo con su pueblo. Por las religiosas para que siendo ejemplo de entrega a Dios sean un punto de referencia que alienta la esperanza de los más necesitados y aliento para quienes trabajan por los demás. Que nuestros seminaristas vean hacia adelante y no se dejen llevar por los criterios del mundo. Que nuestro laicado, gran legión de constructores del Reino, hagan sentir con su testimonio y su acción apostólica, la fuerza liberadora de Jesús, tu Hijo. Que nuestra Iglesia de San Cristóbal, que hace la opción de renovarse continuamente “en espíritu y verdad” esté siempre al lado de los más pequeños, de los pobres, abandonados y menospreciados; para que también sostenga la lucha de quienes buscan con la verdad la liberación plena de todos y sea “luz” de Cristo para iluminar las oscuridades que ensombrecen nuestra sociedad.

 

Tú experimentaste el drama de la Cruz. Caminaste el camino de la Cruz y en El Calvario te identificaste con el dolor de tu Hijo. Hoy sabemos que acompañas el camino de Cruz y el Calvario de nuestro pueblo. Contágianos esperanza y decisión para no desfallecer; repristina en todos la hermosura de nuestra dignidad engrandecida desde la Cruz al convertirnos en hijos de Papá Dios. Ayúdanos a asumir tu actitud de confianza en la Resurrección para que la fuerza liberadora de la Pascua de tu Hijo nunca esté lejos de nosotros. Contigo, por ser consoladora, sabemos que podemos ir adelante y, aunque muchos lo duden o no lo quieran, hacer posible en nuestro país la libertad, la paz, la justicia y el amor fraterno.

 

Eres Consoladora: nos das fuerza por todo lo que eres. Confiamos en ti. No nos dejes en este momento difícil. Que quienes sufren de tantos modos no pierdan la esperanza. Que quienes están luchando por mejorar la situación en todos los campos perseveren siempre. Que quienes sólo buscan o atornillarse al poder o conseguirlo para asegurar sus propios intereses se pongan al lado del pueblo y renuncien a sus ambiciones. Que todos, de verdad, podamos unirnos con lo que más nos une, con nuestra dignidad humana y nuestra preocupación por el bien común para edificar elReino de Dios hoy y siempre en nuestra región y Venezuela.

 

Con humildad te pedimos todo esto y muchas cosas que están en nuestros corazones. Pero también te decimos que, siguiendo el ejemplo tuyo entonado en el canto del Magnificat, somos conscientes de ser pequeños instrumentos para que Dios realice desde nosotros sus prodigios de salvación y liberación. Renovamos ante Ti el empeño de fidelidad a la misión recibida, de perseverancia con la ayuda del Espíritu y con la decisión de discípulos de tu Hijo Jesús.

 

Recibe nuestro homenaje. Eres nuestra Madre y te has hecho una de nosotros. Con la seguridad de tu intercesión y consolación, sentimos la fuerza del Espíritu. Él nos da aliento para orar y actuar en el nombre de tu Hijo y para hacer realidad la fuerza siempre transformadora del amor del Padre Dios. Recibe nuestra alabanza. Con todo el Táchira, te cantamos “Gloria en el cielo y gloria en la tierra”. AMÉN.

3 comentarios sobre «Plegaria a Nuestra Señora de la Consolación»

  1. Bendita, Madre hermosa, esperanza de todos los que amamos a Jesús, te pedimos hoy por nuestra patria Venezuela, y por el mundo entero, para que Dios por infinita misericordia, nos perdone y nos conceda el fin de esta pandemia. Amén 🙏🏼😇🌹🕊✝️

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