MENSAJE PASTORAL: Año de la Conversión

Al Presbiterio, al Pueblo de Dios y a las personas de buena voluntad en el Táchira (Venezuela).

 

¡Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro (1 Tim. 1,2).

 

I.- EN CAMINO A LOS 100 AÑOS DE LA DIOCESIS DE SAN CRISTOBAL.

 

1.- Manifestación clara de la gracia de Dios para nosotros en el Táchira es la experiencia de camino sinodal emprendido desde hace varios años. Es consecuencia del II Sínodo Diocesano, a partir del cual hemos ido progresando en la organización, la renovación y el compromiso testimonial. Actuamos en “espíritu y verdad” a fin de edificar el Reino de Dios y proclamar el Evangelio de la Vida y de la liberación. Así, con la ayuda del Espíritu Santo seguimos haciendo de la de San Cristóbal una “Iglesia en salida”.

 

2.- Dentro del dinamismo de la comunión y participación, también hemos asumido las enseñanzas y decisiones del Concilio Plenario de Venezuela; las directrices de la Asamblea Nacional de Pastoral y el Plan Trienal de la Conferencia Episcopal Venezolana. Los Estatutos Sinodales señalan la hoja de ruta de nuestro camino sinodal en la Diócesis, manifestado en el Plan Diocesano de Pastoral. No sólo tenemos un mismo sentir y un lenguaje común, sino también una visión de futuro en el horizonte del Reino de Dios.

 

3.- En esta línea, estamos ante un acontecimiento que, de seguro, será muy significativo para todos: los cien años de la Iglesia local de San Cristóbal (2022). No será un mero punto de llegada u otro de partida. Antes bien, será un momento para agradecer a Dios por su inmensa misericordia para con nosotros y reconocer cómo podremos seguir creciendo en el ejercicio de la misión recibida. Asimismo, será ocasión propicia para mirar de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Por eso, exclamamos con el salmista: ¡Dios ha sido grande con nosotros y estamos alegres! (Salomo 125,3)

 

4.- Para preparar adecuadamente este evento, como se aprobó oportunamente en la Asamblea Diocesana de Pastoral (Octubre 2018), hemos elaborado el Plan Trienal Diocesano 2019-2021. En él, sin dejar el trabajo pastoral ordinario, se ha tomado la decisión de dedicar cada uno de los próximos tres años a fortalecer acciones concretas en nuestra Iglesia de San Cristóbal. En este sentido, el año 2019 se dedicará a la CONVERSION; el año 2020, a promover una IGLESIA EN SALIDA; el año 2021 a manifestar la Iglesia COMUNION; para luego dedicar todo el año 2022 como un TIEMPO JUBILAR, con énfasis celebrativo y para tomar impulso a seguir adelante en el nombre del Señor. Por eso mismo, el 2022 ha de ser una ocasión propicia para realizar el III Sínodo Diocesano.

 

 

II.- 2019: AÑO DE LA CONVERSIÓN.

 

5.- Vivimos tiempos de crisis que nos han golpeado profundamente a todos, particularmente a los pobres y excluidos. Han fracasado las esperanzas colocadas en planes y proyectos con carácter populista y demagógico. Ha aumentado el desencanto y la indefensión en numerosos hermanos. La intencionalidad autoritaria de un proyecto político, el ansia de poder y la corrupción se unen al menosprecio de la dignidad humana. Es urgente recuperar la esperanza y promover el protagonismo del pueblo, auténtico sujeto social del cambio requerido en el país. Esto es posible, pues al contar con la luz y ayuda de Dios, sabemos que este año es y será un tiempo de gracia.

 

6.- Hemos sentido la necesidad de dedicar este año 2019 a la promoción de la CONVERSION. Este tema será el hilo conductor para las diversas actividades que realicemos en las parroquias, comunidades eclesiales de base y todas las demás instancias eclesiales. ¿Qué significa CONVERSION? Desde el inicio del Evangelio, aparece clara la invitación a asumirla como algo propio: ¡Conviértanse y crean en el Evangelio! (Mc 1,15). El término griego “metanoia” (conversión) nos señala cuál es el contenido y el dinamismo que hemos de seguir: “cambio/apertura de mente y corazón”. En esto consiste la auténtica conversión: dejar a un lado toda cerrazón de espíritu para abrirse a la luz renovadora del Espíritu Santo. De allí la irrenunciable vinculación con la fe. Creer requiere la actitud de conversión. Esta no puede limitarse sólo a los alejados o a quienes no creen en Dios. También los creyentes activos deben estar en continua actitud de apertura y de renovación. Para ello es necesario dejarse guiar por la sabiduría de Dios, la cual conlleva tener oídos para escuchar lo que Dios quiere que oigamos.

 

7.- Para el creyente, es un proceso continuo. Así, puede actuar y trabajar dando testimonio en espíritu y verdad. En este año 2019, tendremos la oportunidad de reforzar y reanimar el entusiasmo evangelizador. Ello nos permitirá fortalecer la comunión, el compromiso y la renovación Es un momento para seguir promoviendo nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Las circunstancias actuales nos han motivado a manifestar la caridad operante con solidaridad y fraternidad hacia los más pobres y los migrantes. Convertirnos hoy, para nosotros, es continuar haciendo esa acción de caridad y de promoción humana con la conciencia de que “lo que se haga a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hacen” (Mt 25,40).

 

8.- La conversión también incluye el paso del pecado a la gracia. Es decir, junto al arrepentimiento y reconocimiento de la falta, se requiere la decisión de cambiar de actitud. Se trata de aceptar la purificación que desemboca en la reconciliación; ésta es la reconstrucción de la comunión rota consigo mismo, con los demás y con Dios. La Iglesia debe ser tierra fértil para que florezca la enseñanza del Divino Maestro, quien no vino a condenar sino a salvar (cf. Jn 3,17). De allí su empeño por derribar todo muro de división, para que pueda surgir el “hombre nuevo” (Cf. Efes 2, 14-15)

 

9.- Existen tres grupos de personas a quienes hemos de invitar a la conversión como el paso del pecado a la gracia:

 

  1. Quienes se han encerrado en la mediocridad, la tibieza, el conformismo y la indiferencia. En general frenan toda renovación, a la vez que generan desesperanza y son profetas de desastres. A ellos, la Iglesia les invita a un cambio radical, tomando en cuenta las palabras del Apocalipsis: Yo a los que amo, los corrijo. Sé, pues, ferviente y arrepiéntete. (3,10).
  2. Los que viven en pecado y enfrascados en él y el egoísmo. A ellos también la Iglesia les dirige la invitación a dejar atrás su existencia de oscuridad y entrar así en las sendas de la novedad y de la luz (cf. Rom 6,4). La misma Palabra de Dios les ofrece una garantía cuando afirma que donde abundó el pecado sobreabundó la gracia (Rom. 5,20).
  3. Quienes han caído en el lodazal de la corrupción en sus variadas expresiones. El Papa Francisco nos enseña cómo es muy difícil salir de la corrupción, pues ella implica haber realizado una opción por el pecado y el mal como estilo permanente de vida. Lamentablemente, para muchos, esto es considerado como algo “normal”. La Iglesia les recuerda a este grupo de personas la Palabra del Maestro: Yo soy la luz del mundo, el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8,12).

 

10.-Por otra parte, a nivel eclesial, es necesario promover la CONVERSION PASTORAL. Con ella se sostiene la actitud de renovación propia de la Iglesia, así como la invitación a un cambio en aquellos fieles que frenan toda iniciativa evangelizadora, o no asumen los planes de pastoral, o prefieren permanecer encerrados en esquemas ya superados. Nuestra Iglesia debe hacer suya la CONVERSION PASTORAL a fin de fortalecer la sinodalidad, con una espiritualidad de comunión y participación. Entonces, podremos leer los signos de los tiempos y dar respuesta a los desafíos del momento actual, así como dar pasos decididos en el marco de la Nueva Evangelización y la Inculturación del Evangelio en nuestra sociedad.

 

III.- Tener presente la obra de la fe, los trabajos de la caridad y la tenacidad de la esperanza (cf. 1 Tes. 1,3).

 

11.- El reconocimiento de Pablo de la manera como los Tesalonicenses realizaron su acción evangelizadora nos sirve como marco de referencia para orientar las acciones a cumplirse durante el año 2019. Hemos de ser movidos por una fe actuante, una caridad operante y una esperanza perseverante que no defrauda. Cada comunidad e instancia eclesial deberán cumplir con sus actividades propias y ordinarias; pero, a la vez, proponemos algunas acciones concretas que nos permitirán promover la conversión en los diversos aspectos ya presentados:

 

12.- En este sentido, proponemos lo siguiente:

 

  1. Formación Permanente; para el Presbiterio, Laicado, Religiosos, maestros, educandos… Se trata deponerle el énfasis de la Conversión.
  2. I-II Semanas de Cuaresma: En las comunidades parroquiales e instancias eclesiales, tomar el tiempo para fortalecer a los presbíteros, agentes de pastoral laicos, religiosos y seminaristas.
  3. III-V Semanas de Cuaresma: Tiempo para atacar la indiferencia y el pasivismo, con acciones misioneras, de espiritualidad y jornadas penitenciales.
  4. Pascua: Anuncio de lo nuevo que nace con la Resurrección de Cristo. Visitas a instituciones, escuelas, universidades, fábricas, centros penitenciarios, unidades militares y policiales etc.
  5. Encuentros para fortalecer la ciudadanía: A través de actos particulares, visitas, encuentros vicariales y un gran encuentro diocesano.
  6. Asamblea Diocesana de Pastoral en octubre.
  7. Celebración de la Conversión: durante el Adviento 2019 y la Navidad.

 

La Vicaría Episcopal de Pastoral preparará el material de apoyo y el cronograma a seguir.

 

IV.- “MANTÉNGANSE FIRMES, INCONMOVIBLES, PROGRESANDO SIEMPRE EN LA OBRA DEL SEÑOR” (1 Cor 15,58).

 

13.- En estos tiempos de crisis no podemos perder el entusiasmo para que este año podamos promover la Conversión. Todos somos corresponsables. Por ello, necesitamos de la participación de cada uno, teniendo en cuenta el bien de la Iglesia y su servicio a la sociedad. No se debe privilegiar intereses particulares ni conveniencias personales.

 

14.- Desde la fe, iluminados por la Palabra y alimentados por la Eucaristía, nos toca actuar con sentido sobrenatural. Nuestra acción promotora de conversión ha de ser acompañada con la oración y el testimonio de vida cristiana. Así, entonces, podremos dar un serio ejemplo de alegría y esperanza. Animados en el Señor, ponemos las manos en el arado para ir adelante (cf. Lc 9, 62).

 

15.- De la mano de María del Táchira, Nuestra Señora de la Consolación, y sostenidos por los brazos amorosos del Santo Cristo de La Grita, podremos cumplir con lo que nos hemos propuesto para este año 2019. Unidos en la caridad pastoral y en la fraternidad seremos capaces de dar testimonio de una Iglesia Madre que provoca la Conversión en todos sus hijos.

 

Con mi bendición,

 

 

             +Mario del Valle, Obispo de San Cristóbal.

San Cristóbal, 27 de enero del año 2019.

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