HOMILIA – SANTA MISA CRISMAL SANTA ANA DEL TACHIRA, 7 DE MAYO 2022

Dentro del tiempo de la Pascua, nos convocamos para celebrar nuevamente la MISA CRISMAL. Ella no es una simple celebración o una mera conmemoración, sino expresión peculiarísima de la Iglesia local, presidida por su Obispo, en comunión con los Presbíteros y Diáconos, al servicio del pueblo de Dios.

De hecho, como algunos pastores y autores la describen, podemos señalar que esta celebración se constituye como Icono de la Iglesia Local. En el marco de la conmemoración de los cien años de nuestra Diócesis, la Misa Crismal de este año 2022 nos permite, ciertamente, meditar sobre esta hermosa idea que califica el encuentro eucarístico que realizamos: Con la Misa Crismal reafirmamos ser una Iglesia, en comunión con la Iglesia Universal, fiel a la llamada a la evangelización y la edificación del Reino de Dios en estas hermosas tierras tachirenses. Desde sus inicios, con el fundamento de la Palabra de Dios y el Testimonio vivo de la Tradición post-apostólica, la Iglesia se presentó como pueblo de Dios, profético, regio y sacerdotal.

Los Padres de la Iglesia nos mostraron su rostro desde la experiencia de una eclesiología eucarística y misionera, y, a la vez, abierta en comunión a la universalidad. Ya en los textos neotestamentarios, se pudo percibir cómo lo universal o católico, se comprendía y vivía desde lo local. La Iglesia madre de Jerusalén, las de Antioquía, Corinto, Éfeso, Filipos y Roma, entre otras tantas, nos demostraron que se cumplía el mandato evangelizador hasta los confines de la tierra.

Y, si bien, había peculiaridades y hasta ritos variados, se sostenía la Unidad de ella, por ser el Cuerpo unido a la cabeza, Cristo, su Señor y Fundador. Todo ello, no es otra cosa sino el fruto de la institución de la Nueva Alianza, el Jueves Santo: alianza nueva y eterna, sellada con la sangre derramada en El Calvario y plenificada con la Luz renovadora de la Pascua de Jesucristo. Allí, en la Última Cena, los apóstoles y discípulos de Jesús recibieron la herencia del mandato del amor, del único y verdadero sacerdocio y la eucaristía, sacramento de unidad y vínculo de caridad. Además, esa herencia no se quedó estancada ni encerrada en archivos fríos, sino que se hizo “tradición” como bien nos lo recuerda Pablo en su primera carta a los corintios. La Misa Crismal es, desde este horizonte presentado, el ICONO DE LA IGLESIA LOCAL. En nuestro caso, es el ICONO que muestra el rostro de una Iglesia que ha venido encontrándose con la gente, escuchándola y descubriendo la voluntad de Dios en la vida, cultura e historia del pueblo tachirense donde se ha encarnado. A la vez, la Misa Crismal nos permite reafirmar que nuestro camino sinodal y evangelizador debe continuar.

 No olvidemos que la Liturgia de la Iglesia es un acto permanente y vinculado a la misión evangelizadora y la práctica de la caridad operante. En este sentido, es Memoria y, por tanto, acto sacramental y sacerdotal, con el cual se hace conexión con el pasado -tradición recibida- con el presente –tradición aceptada- y con el futuro –tradición que se sigue transmitiendo. Ahora bien, el evento de la Misa Crismal, como ÍCONO DE LA IGLESIA LOCAL o DIÓCESIS, es también un MEMORIAL.

Ella revive de manera puntual lo que a lo largo del tiempo y en el espacio peculiar de su misión, la distingue en su ser y quehacer. Junto a otras ideas, pensemos, por ejemplo, en tres de ellas que nos permiten admirar contemplativamente la significación que nos ofrece la Iglesia como Madre y MaestraLa primera de ella es la MEMORIA DEL SER IGLESIA, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo. Desde lo local, todos los miembros de la Iglesia bajo el pastoreo del Obispo actúan en comunión con la Iglesia Universal. Más aún, todas las Iglesias hermanas se hacen presente en el compromiso fraterno con ellas a partir de la catolicidad y la unidad. Catolicidad no se queda sólo en la idea de extensión por toda la tierra. Hay un elemento determinante que le da fuerza a esa presencia en el mundo: la idea de plenitud.

La Iglesia es Católica, por ser el pueblo que ha recibido la plenitud del Espíritu para continuar la obra liberadora y redentora de Cristo, el Señor.  Entonces, en el Táchira, se hace patente la catolicidad al vivir esa plenitud que, por otro lado, corresponde a la santidad, cual vocación irrenunciable de todos sus miembros, por el Bautismo. Lo local de nuestra Diócesis no se limita a unos kilómetros cuadrados, sino a la universalidad de la Iglesia. Eso, además de permitir la fraterna comunión con todas las Iglesias esparcidas por el mundo, es la mejor manera de entender el encargo recibido de Papa Francisco con el IUS COMMISSIONIS del VICARIATO APOSTOLICO DE CARONI. 

Una segunda idea es la de ser SACRAMENTO UNIVERSAL DE COMUNION Y SALVACION, como nos lo recuerda el Concilio Vaticano II. Al cumplir con la misión recibida, se hace memoria viva de la transformación renovadora del Bautismo y de los otros sacramentos de la Iglesia. Con ello, además de conseguir nuevos discípulos, también los acompañamos e incorporamos a la comunión y al servicio apostólico propio de los católicos. En la Eucaristía, la Iglesia se mostrará particularmente con su dimensión sacramental: sencillamente porque la misma Eucaristía no se limita sólo a los ritos con los que la celebramos o a una norma o precepto.

No olvidemos que todo lo que realizamos tiene la dimensión eucarística de ofrenda y de servicio, con lo cual toda la existencia del creyente extiende la fuerza pascual que se conmemora. Es decir, lo que en los ritos litúrgicos se hace patente, se extiende sacramentalmente junto con la Palabra en la vida de los creyentes y personas de buena voluntad. Y esto es algo que se ha venido realizando como Diócesis desde hace cien años. En el rito de la bendición de óleos y consagración del crisma, expresamos esa dimensión de la Iglesia como SACRAMENTO UNIVERSAL DE SALVACION Y COLMUNION. Finalmente, una tercera idea que nos permite entender porqué la Misa Crismal es un ICONO DE LA IGLESIA LOCAL es la de hacer MEMORIA DE LA IGLESIA COMO PUEBLO SACERDOTAL.

Hacemos Memoria, conmemoración, de la decisión que le permite a la NUEVA ALIANZA perpetuarse en el tiempo: el UNICO Y VERDADERO SACERDOCIO, el de Jesucristo el Señor. De hecho, sólo hay un sacerdocio. Con su entrega pascual, anunciada y preparada con la encarnación, Jesús se constituye como el Sacerdote por excelencia: quien termina de restaurar la comunión con Dios, resquebrajada por el pecado. Lo hace, convirtiéndose Él mismo en la Víctima de reconciliación. Cada celebración eucarística renueva esta acción pascual de Jesús. Pero, a la vez, la Misa Crismal permite reafirmar que el Señor Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote instituye a su Iglesia como pueblo sacerdotal. Más aún, en conjunción con la decisión de hacer de los seres humanos capaces de convertirse en “hijos del Padre Dios”, los asoció a Él de tal modo que también los convirtió en “ofrendas vivas”.

Hoy, en esta festiva acción en la cual todos participamos, con alegría renovamos el extraordinario hecho de ser pueblo sacerdotal que, en y desde el Táchira, hacemos sentir mediante la fuerza constructora de un Reino de Justicia, paz y libertad, en la práctica del amor fraterno y de la comunión y servicio. Dentro de ese pueblo sacerdotal, por iniciativa pura de Dios, algunos hermanos hemos sido elegidos para configurarnos a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Para ello, fuimos signados por el Espíritu Santo al recibir el Sacramento del Orden. De allí que, en medio de todos Ustedes, representantes del pueblo sacerdotal que vive, peregrina y actúa en las diversas comunidades de la Diócesis, renovemos nuestras promesas sacerdotales. Estas no se reducen a un mero interrogatorio de carácter protocolar: las preguntas conllevan una respuesta; ésta habla de la actitud con la que debemos ejercer nuestro ministerio, cuales servidores y testigos actuando en el nombre de Jesucristo. Hoy, les invitamos a todos Ustedes a renovar el acompañamiento a sus pastores para que podamos demostrar al mundo que formamos parte de un mismo rebaño bajo un mismo Pastor, re-presentado en cada Ahora bien, el evento de la Misa Crismal, como ÍCONO DE LA IGLESIA LOCAL o DIÓCESIS, es también un MEMORIAL. Ella revive de manera puntual lo que a lo largo del tiempo y en el espacio peculiar de su misión, la distingue en su ser y quehacer. Junto a otras ideas, pensemos, por ejemplo, en tres de ellas que nos permiten admirar contemplativamente la significación que nos ofrece la Iglesia como Madre y Maestra. 

La primera de ella es la MEMORIA DEL SER IGLESIA, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo. Desde lo local, todos los miembros de la Iglesia bajo el pastoreo del Obispo actúan en comunión con la Iglesia Universal. Más aún, todas las Iglesias hermanas se hacen presente en el compromiso fraterno con ellas a partir de la catolicidad y la unidad. Catolicidad no se queda sólo en la idea de extensión por toda la tierra. Hay un elemento determinante que le da fuerza a esa presencia en el mundo: la idea de plenitud. La Iglesia es Católica, por ser el pueblo que ha recibido la plenitud del Espíritu para continuar la obra liberadora y redentora de Cristo, el Señor.  Entonces, en el Táchira, se hace patente la catolicidad al vivir esa plenitud que, por otro lado, corresponde a la santidad, cual vocación irrenunciable de todos sus miembros, por el Bautismo. Lo local de nuestra Diócesis no se limita a unos kilómetros cuadrados, sino a la universalidad de la Iglesia. Eso, además de permitir la fraterna comunión con todas las Iglesias esparcidas por el mundo, es la mejor manera de entender el encargo recibido de Papa Francisco con el IUS COMMISSIONIS del VICARIATO APOSTOLICO DE CARONI.

 Una segunda idea es la de ser SACRAMENTO UNIVERSAL DE COMUNION Y SALVACION, como nos lo recuerda el Concilio Vaticano II. Al cumplir con la misión recibida, se hace memoria viva de la transformación renovadora del Bautismo y de los otros sacramentos de la Iglesia. Con ello, además de conseguir nuevos discípulos, también los acompañamos e incorporamos a la comunión y al servicio apostólico propio de los católicos. En la Eucaristía, la Iglesia se mostrará particularmente con su dimensión sacramental: sencillamente porque la misma Eucaristía no se limita sólo a los ritos con los que la celebramos o a una norma o precepto.

No olvidemos que todo lo que realizamos tiene la dimensión eucarística de ofrenda y de servicio, con lo cual toda la existencia del creyente extiende la fuerza pascual que se conmemora. Es decir, lo que en los ritos litúrgicos se hace patente, se extiende sacramentalmente junto con la Palabra en la vida de los creyentes y personas de buena voluntad. Y esto es algo que se ha venido realizando como Diócesis desde hace cien años. En el rito de la bendición de óleos y consagración del crisma, expresamos esa dimensión de la Iglesia como SACRAMENTO UNIVERSAL DE SALVACION Y COLMUNION. 

Finalmente, una tercera idea que nos permite entender porqué la Misa Crismal es un ICONO DE LA IGLESIA LOCAL es la de hacer MEMORIA DE LA IGLESIA COMO PUEBLO SACERDOTAL. Hacemos Memoria, conmemoración, de la decisión que le permite a la NUEVA ALIANZA perpetuarse en el tiempo: el UNICO Y VERDADERO SACERDOCIO, el de Jesucristo el Señor. De hecho, sólo hay un sacerdocio. Con su entrega pascual, anunciada y preparada con la encarnación, Jesús se constituye como el Sacerdote por excelencia: quien termina de restaurar la comunión con Dios, resquebrajada por el pecado. Lo hace, convirtiéndose Él mismo en la Víctima de reconciliación. Cada celebración eucarística renueva esta acción pascual de Jesús. Pero, a la vez, la Misa Crismal permite reafirmar que el Señor Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote instituye a su Iglesia como pueblo sacerdotal. Más aún, en conjunción con la decisión de hacer de los seres humanos capaces de convertirse en “hijos del Padre Dios”, los asoció a Él de tal modo que también los convirtió en “ofrendas vivas”.

Hoy, en esta festiva acción en la cual todos participamos, con alegría renovamos el extraordinario hecho de ser pueblo sacerdotal que, en y desde el Táchira, hacemos sentir mediante la fuerza constructora de un Reino de Justicia, paz y libertad, en la práctica del amor fraterno y de la comunión y servicio. Dentro de ese pueblo sacerdotal, por iniciativa pura de Dios, algunos hermanos hemos sido elegidos para configurarnos a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Para ello, fuimos signados por el Espíritu Santo al recibir el Sacramento del Orden. De allí que, en medio de todos Ustedes, representantes del pueblo sacerdotal que vive, peregrina y actúa en las diversas comunidades de la Diócesis, renovemos nuestras promesas sacerdotales. Estas no se reducen a un mero interrogatorio de carácter protocolar: las preguntas conllevan una respuesta; ésta habla de la actitud con la que debemos ejercer nuestro ministerio, cuales servidores y testigos actuando en el nombre de Jesucristo.

Hoy, les invitamos a todos Ustedes a renovar el acompañamiento a sus pastores para que podamos demostrar al mundo que formamos parte de un mismo rebaño bajo un mismo Pastor, re-presentado en cada
Ahora bien, el evento de la Misa Crismal, como ÍCONO DE LA IGLESIA LOCAL o DIÓCESIS, es también un MEMORIAL. Ella revive de manera puntual lo que a lo largo del tiempo y en el espacio peculiar de su misión, la distingue en su ser y quehacer. Junto a otras ideas, pensemos, por ejemplo, en tres de ellas que nos permiten admirar contemplativamente la significación que nos ofrece la Iglesia como Madre y Maestra. La primera de ella es la MEMORIA DEL SER IGLESIA, Pueblo de Dios y Cuerpo de Cristo. Desde lo local, todos los miembros de la Iglesia bajo el pastoreo del Obispo actúan en comunión con la Iglesia Universal. Más aún, todas las Iglesias hermanas se hacen presente en el compromiso fraterno con ellas a partir de la catolicidad y la unidad.

Catolicidad no se queda sólo en la idea de extensión por toda la tierra. Hay un elemento determinante que le da fuerza a esa presencia en el mundo: la idea de plenitud. La Iglesia es Católica, por ser el pueblo que ha recibido la plenitud del Espíritu para continuar la obra liberadora y redentora de Cristo, el Señor.  Entonces, en el Táchira, se hace patente la catolicidad al vivir esa plenitud que, por otro lado, corresponde a la santidad, cual vocación irrenunciable de todos sus miembros, por el Bautismo. Lo local de nuestra Diócesis no se limita a unos kilómetros cuadrados, sino a la universalidad de la Iglesia. Eso, además de permitir la fraterna comunión con todas las Iglesias esparcidas por el mundo, es la mejor manera de entender el encargo recibido de Papa Francisco con el IUS COMMISSIONIS del VICARIATO APOSTOLICO DE CARONI. Una segunda idea es la de ser SACRAMENTO UNIVERSAL DE COMUNION Y SALVACION, como nos lo recuerda el Concilio Vaticano II.

Al cumplir con la misión recibida, se hace memoria viva de la transformación renovadora del Bautismo y de los otros sacramentos de la Iglesia. Con ello, además de conseguir nuevos discípulos, también los acompañamos e incorporamos a la comunión y al servicio apostólico propio de los católicos. En la Eucaristía, la Iglesia se mostrará particularmente con su dimensión sacramental: sencillamente porque la misma Eucaristía no se limita sólo a los ritos con los que la celebramos o a una norma o precepto. No olvidemos que todo lo que realizamos tiene la dimensión eucarística de ofrenda y de servicio, con lo cual toda la existencia del creyente extiende la fuerza pascual que se conmemora.

Es decir, lo que en los ritos litúrgicos se hace patente, se extiende sacramentalmente junto con la Palabra en la vida de los creyentes y personas de buena voluntad. Y esto es algo que se ha venido realizando como Diócesis desde hace cien años. En el rito de la bendición de óleos y consagración del crisma, expresamos esa dimensión de la Iglesia como SACRAMENTO UNIVERSAL DE SALVACION Y COLMUNION.Finalmente, una tercera idea que nos permite entender porqué la Misa Crismal es un ICONO DE LA IGLESIA LOCAL es la de hacer MEMORIA DE LA IGLESIA COMO PUEBLO SACERDOTAL. Hacemos Memoria, conmemoración, de la decisión que le permite a la NUEVA ALIANZA perpetuarse en el tiempo: el UNICO Y VERDADERO SACERDOCIO, el de Jesucristo el Señor.

De hecho, sólo hay un sacerdocio. Con su entrega pascual, anunciada y preparada con la encarnación, Jesús se constituye como el Sacerdote por excelencia: quien termina de restaurar la comunión con Dios, resquebrajada por el pecado. Lo hace, convirtiéndose Él mismo en la Víctima de reconciliación. Cada celebración eucarística renueva esta acción pascual de Jesus.Pero, a la vez, la Misa Crismal permite reafirmar que el Señor Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote instituye a su Iglesia como pueblo sacerdotal. Más aún, en conjunción con la decisión de hacer de los seres humanos capaces de convertirse en “hijos del Padre Dios”, los asoció a Él de tal modo que también los convirtió en “ofrendas vivas”.

Hoy, en esta festiva acción en la cual todos participamos, con alegría renovamos el extraordinario hecho de ser pueblo sacerdotal que, en y desde el Táchira, hacemos sentir mediante la fuerza constructora de un Reino de Justicia, paz y libertad, en la práctica del amor fraterno y de la comunión y servicio. Dentro de ese pueblo sacerdotal, por iniciativa pura de Dios, algunos hermanos hemos sido elegidos para configurarnos a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

Para ello, fuimos signados por el Espíritu Santo al recibir el Sacramento del Orden. De allí que, en medio de todos Ustedes, representantes del pueblo sacerdotal que vive, peregrina y actúa en las diversas comunidades de la Diócesis, renovemos nuestras promesas sacerdotales. Estas no se reducen a un mero interrogatorio de carácter protocolar: las preguntas conllevan una respuesta; ésta habla de la actitud con la que debemos ejercer nuestro ministerio, cuales servidores y testigos actuando en el nombre de Jesucristo. Hoy, les invitamos a todos Ustedes a renovar el acompañamiento a sus pastores para que podamos demostrar al mundo que formamos parte de un mismo rebaño bajo un mismo Pastor, re-presentado en cada uno de nosotros, Obispos, Presbíteros y Diáconos.

Por todo lo ya expuesto y por otras razones más, que hemos de seguir meditando, la Misa Crismal es el ICONO DE LA IGLESIA LOCAL DE SAN CRISTOBAL. Por tanto, al participar en ella –y llevarles a los hermanos que no han podido venir el mensaje y la experiencia hoy compartida- estamos manifestando cómo el Señor ha estado grande con nosotros. La herencia-tradición recibida en estos cien años ha de convertirse en compromiso responsable para hacerla llegar a los hermanos de hoy y de mañana. Unidos todos en fraterna comunión damos gracias a Dios porque nos ha elegido para hacer patente al pueblo sacerdotal en este Táchira querido. Y desde aquí, con alegría pascual, damos a conocer a la Iglesia Universal que estamos en comunión con ella, con el Papa y el Colegio Episcopal para cumplir la misión recibida. AMEN.

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